Y verás que tú puedes volar y que todo lo consigues.
Y verás que no existe el dolor, ¡hoy te toca ser feliz!

viernes, 25 de noviembre de 2011

Arcoiris para daltónicos

Da unos pasos hacia atrás y vuelve a contemplar la que, sin duda, era la mejor obra de su vida. Vuelve hacia el cuadro apoyado en el caballete y da unas últimas pinceladas aquí y allá para borrar pequeñas imperfecciones. Pone sus manos en las caderas como muestra de satisfacción por su gran trabajo. Sus ojos brillaban ante tal mezcla de colores. Rojo, azul, verde... todos yacían en armonía en un trozo de tela.
Todos los artistas tienen una inspiración.Y si no lo dicen, es por que no quieren admitir una gran verdad. Su inspiración, como la de todo hombre, era una mujer. Pero no una mujer cualquiera; una musa. Su pelo color azabache despertaba sueños en sus ojos, llevándole hacia lugares inexplorados. Sus ojos eran dos grandes pozos que le llevaban hasta el final del mismísimo mundo, dónde ser perdería toda la vida en ellos, para no escapar nunca de esa tranquilidad que le despertaba al verlos.
Miró por la ventana, dónde podía visualizar vagamente la puerta de la iglesia del pueblo. ¡Qué hermosa estaba ella de blanco! Hacía que su piel brillase más, y que su pelo se pudiese admirar mejor.
A su alrededor, una muchedumbre aplaudía y tiraba pequeños granos, que supuso que era arroz. Él era el único que no se alegraba de esa boda. El amor de su vida cojida de la mano con otro.
Vuelve a mirar su cuadro. Coje la brocha mas grande, la moja en el bote de pintura negra, y da una pincelada justo en el medio del cuadro.
Eugène Delacroix solía decir "A veces hay que estropear un poquito el cuadro para poder terminarlo."
Durante miles de años, los seres humanos hemos podido disfrutar del mejor regalo que los dioses dieran jamás a ningún ser vivo: la brisa, el viento, el hermano sol y la hermana luna; campos y praderas donde ver crecer a nuestros hijos; amaneceres bañados con el perfume que estornudan las flores en primavera
puestas de sol decoradas por los sueños aun por concebir; y aunque parezca mentira… inteligencia

Pero el hombre blanco despreció aquel tesoro y a medida que la vida le sonreía, el le contestaba dando patadas al destino.Si alguien lee esta carta, no olvide que el fin de esta civilización se debió al egoismo, codicia e incultura de la raza humana.

Los hombres ya no somos mamíferos. El ser humano no se convirtió en depredador. La raza humana somos simplemente un virus; matamos, crecemos, y nos multiplicamos.Por eso nos extinguimos; por eso las aguas se tragaron nuestra civilización; la verdadera Atlántida, éramos nosotros.

Y por eso hemos escrito esta nota. Para formas de vida inteligente venideras. Cuando los hombres escupen al suelo... se escupen a si mismos.

779

Vi cortadas de un único y veloz tajo todas las cuerdas que me ataban a mi existencia, y con la misma facilidad que si fueran los cordeles de un manojo de globos. Todo lo que me había hecho ser como era se cortó y salió volando hacia el espacio.
Pero yo no flotaba a la deriva. Un nuevo cordel me ataba a mi posición.
Y no uno solo, sino un millón, y no eran cordeles, sino cables de acero. Si, un millón de cables de acero me fijaban al mismísimo centro del universo.
Y podía ver perfectamente cómo el mundo entero giraba en torno a ese punto.
Hasta el momento, nunca jamás había visto la simetría del cosmos, pero ahora me parecía evidente.
La gravedad de la Tierra ya no me ataba al suelo que pisaba.
Lo que ahora hacía que tuviera los pies en el suelo era él. "